The Art Conservation Project en el MPBA

Oscar Asseburg, Documentación proceso de conservación y limpieza 2015

The Art Conservation Project del Bank of America es un programa global de conservación de obra artística patrimonial, mediante el cual se otorgan subvenciones a museos de diferentes partes del mundo para contribuir en los proyectos de conservación de sus colecciones. A través de este programa y desde 2010, el Bank of America ha concedido subvenciones a museos de 27 países con la finalidad de garantizar la conservación y preservación del patrimonio mundial.

En 2014, el Museo del Palacio de Bellas Artes fue invitado a participar en este proyecto mediante una convocatoria abierta, con el objetivo de concursar y obtener un donativo para la conservación preventiva de su acervo mural. El dictamen especializado fue elaborado por el Centro Nacional de Conservación y Registro de Obra del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM), instancia que se encarga de la intervención, conservación y mantenimiento de todo el acervo artístico del INBA.

El Museo del Palacio de Bellas Artes ha aprovechado este estímulo no sólo para la conservación preventiva de sus murales, sino también para abrir esta palataforma que ofrece información completa en torno a su acervo y difunde así el conocimiento de su patrimonio.

EL PALACIO DE BELLAS ARTES Y SUS MURALES

Periódico el universal, 1934

El 29 de septiembre de 1934 el presidente Abelardo Rodríguez inauguró el Palacio de Bellas Artes; dos meses después se abrió el Museo de Artes Plásticas, con el mandato de mostrar lo sobresaliente del arte nacional. Se incluyeron piezas del siglo XVI, una sala de escultura mesoamericana, otra de estampa mexicana y el Museo de Arte Popular, con la colección de Roberto Montenegro. El nuevo museo mostraría también lo que en ese momento era la máxima representación de la plástica nacional: el muralismo.

Los primeros artistas en ser convocados para decorar el recinto construido por Adamo Boari fueron JOSÉ CLEMENTE OROZCO y DIEGO RIVERA; ese año del 34 se les asignaron los muros del extremo oeste y del extremo este, respectivamente. Rivera pintó El hombre en el cruce de caminos o El hombre controlador del universo (1934), en el que retomó elementos del fallido mural que había pintado un año antes en el Rockefeller Center en Nueva York. Por su parte, Orozco pintó una alegoría sobre la guerra donde mostró la anarquía y la decadencia moral: Katharsis (1935-1935).

Luis Márquez Roma y Palacio de Bellas Artes, CA. 1934 - 1938

DAVID ALFARO SIQUIERO fue comisionado para pintar un mural en 1944, al que tituló: México por la democracia y la independencia, el cual es una representación de la humanidad libre. Un año después añadió dos tableros: Víctimas de la guerra y Víctima del fascismo, el nuevo título de la obra sería Nueva democracia.

NUEVA DEMOCRACIA, TRIPTICO, DAVID ALFARO SIQUEIROS, 1944-1945.

En 1951, cuando Fernando Gamboa estaba a la cabeza del Museo Nacional de Artes Plásticas, encargó a Siqueiros la ejecución de una obra más. Para esta nueva encomienda, el artista realizó un díptico dedicado a Cuauhtémoc, mostrándolo como un símbolo de la tenacidad y valentía del pueblo mexicano.

Con la creación del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura en 1947 se modificó el proyecto museográfico del recinto, transformándose en el Museo Nacional de Artes Plásticas.

Años más tarde, en 1952, el gobierno consideró que la mejor manera de reconocer la carrera artística de RUFINO TAMAYO era concediéndole un espacio en este recinto cultural. El díptico Nacimiento de nuestra nacionalidad (1952) y México de hoy (1953), que representa la conquista de México y el mestizaje, se ubicó en los extremos opuestos del segundo piso.

Más tarde, con motivo de la Primera Bienal Interamericana de Pintura y Grabado, en 1958, el Museo Nacional de Artes Plásticas se remodeló transformándose en el Museo Nacional de Arte Moderno y a partir de 1968 se conoce como Museo del Palacio de Bellas Artes. Desde entonces, funge como el principal espacio de exhibición y homenaje a los artistas más destacados de nuestro país, sin dejar de ser un referente en el estudio del movimiento muralista mexicano.

El último mural realizado por encargo institucional fue de JORGE GONZÁLEZ CAMARENA. Liberación o La humanidad se libera de la miseria (1963) se divide en tres secciones en las que aborda la esclavitud y la liberación física y espiritual de la humanidad.

Autor no identificado, Jorge González Camarena Pintando su mural Liberación, 1963

En la década de los sesenta las autoridades culturales emprendieron la tarea de reubicar algunos murales como parte de un programa de conservación y preservación, siendo el Palacio de Bellas Artes el lugar idóneo para exhibirlos.

El primer mural en ser trasladado fue Carnaval de la vida mexicana (1936), cuatro paneles que DIEGO RIVERA hizo para decorar el Hotel Reforma, sin embargo, en virtud de su temática la obra fue retirada en 1963, año en que se ubicó en el Palacio. Dos años después, en 1965, se instaló Alegoría del viento o El ángel de la paz (1928), del artista jalisciense ROBERTO MONTENEGRO, cuya obra originalmente formaba parte de las pinturas realizadas en el ex Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo.

Oscar Asseburg, Carnaval de la Vida Mexicana, 2015

Oscar Asseburg, La Piedad en el Desierto, 2015

En 1966 fue trasladado el mural La Piedad en el desierto de MANUEL RODRÍGUEZ LOZANO, fresco pintado en 1942 sobre uno de los muros del Palacio de Lecumberri. Finalmente, en 1977 se integró la obra Revolución rusa o Tercera Internacional(1933) de DIEGO RIVERA, concebida originalmente para la Liga Comunista de América.

Esta síntesis histórica sobre la obra mural del Museo del Palacio de Bellas Artes, de sus 17 pinturas consumadas entre 1928 y 1963, con sus estilos, temáticas e ideologías de pintores excepcionales, nos permite apreciar el mecenazgo del Estado y las iniciativas institucionales en favor del arte público. Los muros del Palacio han contribuido a la consagración del proyecto muralista de los años veinte y han hecho de ese movimiento posrevolucionario un arte oficial.

A sus 80 años de vida el Palacio de Bellas Artes continúa siendo plataforma pública del arte mexicano con una clara funcionalidad social.

MURALISMO MEXICANO

Si bien es cierto que la pintura mural es hija de la Revolución mexicana, su impulso vino de un riquísimo y milenario pasado. Surgió como filosofía y eje de la política cultural de José Vasconcelos, ministro de Educación Pública en el gobierno de Álvaro Obregón. Bajo el mecenazgo del Estado, el muralismo podría ubicar sus inicios hacia el año de 1921, que es el fin de la revolución armada y a su vez el principio de la revolución en el arte.

Autor no identificado, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera, 1949

De esta época son los murales precursores de Roberto Montenegro en la capilla del ex convento de San Pedro y San Pablo con el tema de la Santa Cruz. Un año después, Diego Rivera concluiría La Creación en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria. A partir de entonces y con el manifiesto del Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores como estandarte del movimiento, y Siqueiros como vocero principal, se emplearon kilómetros de pintura mural en edificios públicos como soportes de temas que reflejaron problemáticas sociales y asuntos históricos; esto significaba también la punta de lanza de una plástica propiamente mexicana.

Hermanos Mayo, Diego Rivera con obreros frente al mural pesadilla de guerra y sueño de paz, 1952

Juan Guzmán, Davil Alfaro Siqueiros pintando el mural nueva democracia, 1944

El movimiento muralista se distinguió por estar relacionado estrechamente con las ideas políticas y sociales de sus militantes. Era un arte nuevo para el pueblo. Un arte público y monumental. Una nueva fe en busca de “la esencia de la nacionalidad”. Lo indígena y arqueológico puede destacarse en Rivera; en Orozco prevalece un pesimismo crítico; en Siqueiros predomina la búsqueda de soluciones plásticas y nuevas técnicas. Además de los Tres Grandes, están los pintores socialistas Ramón Alva de la Canal, Jean Charlot, Xavier Guerrero, Fermín Revueltas y Fernando Leal, entre otros de generaciones posteriores, que redescubrieron el empleo del fresco y de la encáustica, pero además emplearon nuevas técnicas y materiales que aseguran vida indefinida a sus obras de realismo social.

Desde los años 20 hasta los 60 del siglo anterior, el arte mural fue la gran manifestación artística de la nacionalidad mexicana. Se desplegó a lo largo del país en recintos como la SEP, el Hospicio Cabañas, el Hospital de la Raza, el Palacio de Bellas Artes, por citar sólo unos cuantos. En la década de 1930 comenzó a internacionalizarse cuando Rivera, Orozco y Siqueiros hicieron pintura decorativa en los Estados Unidos. Si Jean Charlot llamó a este periodo renovador y de efervescencia cultural el “Renacimiento mexicano”, Siqueiros lo desarrolló teórica y temporalmente en sus escritos como “una nueva manera de producción funcional social pública en el arte”.