En 1933 Diego Rivera comenzó el mural El hombre en el cruce de caminos contemplando con esperanza la elección de un nuevo y mejor futuro para el Centro Rockefeller de Nueva York. La obra inconclusa fue censurada y destruida ya que el pintor había introducido un retrato del líder comunista Vladimir Lenin, una estrella roja con la hoz y el martillo. Un año después de este suceso, comisionado por el presidente Abelardo L. Rodríguez, Rivera hizo una réplica de aquél malogrado mural para decorar uno de los muros del segundo piso del Palacio de Bellas Artes, a inaugurarse en septiembre de 1934.