Todo el mundo pensaba cuando pinté el mural (fresco) en la penitenciaría, que la ira me movería contra la justicia; ¿cuál justicia? No.
Sólo cabía piedad. Una inmensa piedad para los desvalidos. Un homenaje a esa maravillosa mujer mexicana del pueblo que tiene (sic) los brazos amorosos para levantar al hijo que cae, sin importarle el delito o la monstruosidad de que sea autor. (Manuel Rodríguez Lozano).

Durante los cinco meses que Rodríguez Lozano pasó en la cárcel, entre 1941 y 1942, alternó su tiempo en recopilar sus escritos sobre arte y a elaborar, con ayuda de su alumno Nefero, un mural con el tema de la Piedad en el pabellón de los tuberculosos de la Penitenciaría. Se conocen algunos estudios preparatorios, algunos de los cuales presentan la técnica del cuadriculado para la configuración de las dos figuras que, en forma triangular, con precisa y clara geometría (un eje central, diagonales y líneas horizontales y verticales), intensifican el drama. La piedad en el desierto permaneció en Lecumberri hasta 1967, año en que fue restaurado y desprendido de sus muros originales.