Tamayo ha traspuesto un nuevo límite y su mundo es ya un mundo de poesía. El pintor nos abre las puertas del viejo universo de los mitos y de las imágenes que nos revelan la doble condición del hombre: su atroz realidad y, simultáneamente, su no menos atroz irrealidad. El hombre del siglo XX descubre de pronto lo que, por otras vías, ya sabían todos aquellos que han vivido una crisis, un fin del mundo. (Octavio Paz).

A solicitud de Carlos Chávez y Fernando Gamboa, Tamayo ejecutó dos pinturas murales en el interior del Palacio de Bellas Artes. De común acuerdo eligieron los muros oriente y poniente del primer piso, con la cualidad de poder ser apreciados desde el vestíbulo monumental. El oaxaqueño decidió desarrollar dos temas conexos e independientes a la vez, con ellos daría oportunidad al pasado y al presente de filtrarse en símbolos y alegorías, evitando la narrativa nacionalista de la Escuela Mexicana de Pintura, a la cual se oponía.